Descubriendo la electricidad

By juanvi21

Además de Aam, el afilador, el pueblo de mi madre tenía más personajes que marcarían mis aficiones. Estaba también, por ejemplo, la Luisa. La Luisa era una mujer pequeñita, enjuta. Tenía una pequeña parálisis en un lado de la boca, que le mantenía una continua sonrisa por ese lado. Por el otro, la comisura de los labios le caía habitualmente hacia abajo en una mueca terible, entre de tristeza y amargura. Parece que nadie se había acostumbrado porque cuando se le veía por el perfil risueño la gente la saludaba sonriente con esas frases tan rurales llenas de “h” aspiradas “¿Queee paaaaha Luiha? ¿Aaande vas?”   Y si la Luisa se paraba a dar la información –siempre la de mala salud, que es la que se da en los pueblos- y se volvía, al paisano se le acababa la cordialidad y, casi sin dejarla dar novedades, le decía cualquier frase de compromiso “Bueno muher, ¡pacencia, pacencia…!”

Pero lo que a mi me interesaba de la Luisa es cuando le pedían que demostrara su don, y es que metía los dedos en un portalámparas y hacía saltar los fusibles. Yo lo intenté en aquellos años igualar y sólo conseguí una buena quemadura y que los ojos me estuvieran bizqueando con frecuencia hasta que me fui haciendo mayor. El don de la Luisa le venía de que había sobrevivido a la caida de un rayo en el monte, cuando se encontraba, bajo un arbol, junto con uno de los pastores del pueblo. El caso fue muy sonado porque la descarga los dejó desnudos pero ilesos, si exceptuamos esa mueca de la Luisa. No quiero ni pensar en el regreso al pueblo y las explicaciones tan complicadas ni en cómo se justificarían despues de no tener ninguna quemadura. Lo cierto es que la Luisa sí que puso a salvo su reputación con esa práctica. Cuando lo hacía, antes de que nos dejara a oscuras yo me fijaba en ella y me daba cuenta que el lado natural de la boca se le tensionaba en la misma forma y se le producía una bonita sonrisa. Pensandolo bien, también podía ser que a la Luisa se le avivará el recuerdo de la tormenta o, suele decir un amigo del pueblo, el del pastor. Este, el “Covacha”, no pareció tener tan claro su papel en este expediente X rural y puso tierra por medio, no se sabe si por una buena oferta de algún rebaño de la competencia o por la forma en que le miraba el padre de la Luisa, que no parecía muy dado a creer en los misterios de la Naturaleza.

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