Esta mañana he amanecido de muy buen humor. El friso está perfectamente alineado y me he entretenido afilando los cuchillos de la cocina. Deben superar la prueba de cortar un trocito de cartón sujeto en el aire sin que se doble lo más mínimo. Me gustaría en realidad hacerlo con un motor de Mobilette, como el afilador del pueblo de mi madre cuando yo era pequeño.El pueblo no tenía muchas cosas que hacer pero las aplicaciones de la motorización daban para mucho.
Aam, que así llamabamos al afilador, no era del pueblo, pero en verano venía casi todas las semanas haciendo sonar su flauta de pan. Me sorprendía que Aam largara de un tirón su pregón: “el afilador, señoras, cuchillos, tijeras, ha llegado el afilador”, porque era bastante tartaja. De ahí su nombre Aam, que era la abreviatura de la forma en que él se presentaba como Ambrosio. Aunque hablando se trabucaba mucho, la cantinela del pregón le salía del tirón, aunque lo hacía sin demasiada entonación, de modo que yo, en mi ingenuidad infantil imaginaba que había algo en las señoras que se podía afilar y que seguramente era pecado. Más tarde me di cuenta que mi madre solía decir que las vecinas tenían la lengua más afilada que la cuchilla del carnicero, así que yo siempre estaba vigilante por si era eso. Pero nunca las vi poner la lengua, así que seguía manejando la idea de que era algo relacionado con “esas cosas” que los niños no tienen que preguntar.
Así que allí nos sentábamos a ver trabajar a Aam, que ponia su caballete y conectaba con una correa el esmeril al motor. Aam me enseñó a afilar pero nunca me atreví a preguntarle por ese misterio de las señoras. No pasaria mucho tiempo hasta que escuchara al primer vendedor ambulante que vendía pelapatatas y que gritaba “¡mujeres!, ¡la autentica herramienta que todo lo pela!” y empezara a descifrar ya los primeros signos del marketing rural.

He encontrado esta foto de una moto casi como la de Aam
Etiquetas: bricocrack, bricolaje
Agosto 23, 2008 a las 3:35 pm
En mi barrio todavia viene el afilador, cuando oimos su silbido bajamos las escaleras en tropel con lo que pillemos a mano, nos da igual que nos afile el palo de la escoba que el cazo de servir la sopa o las palas de las sardinas, que si una se acerca que si la otra trae la tijera, que la cosa es que algún pellizquillo le pegamos y las de la lengua afilada, como bien decía tu madre, dicen que hace afilados a domicilio, la duda me corroe ahora. Cuando Luis Venancio decía que como se enterara de que me había hecho a mi un trabajo a domicilio le rajaba, yo me asustaba porque mi Luis Venancio era muy macho, pero ahora mi hombre ya no está…
¡Puff! ¡voy a sacudir pensamientos!, veré el vídeo del soplador de hojas de BricocrackTV a falta de ventilador para el sofoco, luego ese del cortacésped a gasolina porque se me está viendo el plumero y prefiero depilarlo a tiempo no vaya a ser que lea esto alguna vecina.
De lo del marketing rural y esas cosas de las señoras no me he enterado de nada ¡que raros son los cocos masculinos!