Esta bien… lo confieso. ¡Me estoy empezando a deprimir! Lo he notado porque estoy viendo compulsivamente un video de motosierras de gasolina (os lo recomiendo si os interesa el tema: http://www.bricocrack.tv/paginas/reproductorjardin.php?id=92 ) hasta que me he dado cuenta de que no tengo ningún árbol que podar. Es verdad que lo de Mariela me ha afectado. Me gustaba pasear con ella los sábados por la tarde por el Leroy Merlin o el Bricor y luego sentarnos el domingo por la mañana a ver el Bricomania. O ir a casa de algún amigo. Siempre me gusta llevar la caja de herramientas portatil, de esas de Stanley de tres pisos, y en lo que los demás toman cervezas y charlan de sus cosas, yo puedo enderezar el grifo de la cocina, ajustar las puertas de los armarios de la cocina o instalar, como el otro día a Javier, un regulado de luz en el salón.
Tampoco es sólo lo de Mariela lo que me deprime. Me dí cuenta cuando me levante esta mañana. Una de las lamas del friso está un poco vencida hacia delante. Lo noté al pasar y cuando lo comprobé, incrédulo, con el nivel de burbuja que suelo llevar en el bolsillo del pijama, la realidad se confirmó como una losa. Hay más de un centímetro de desviación. Está colocado al final del rastrel y me temo que es culpa de la pared que tiene ese poco de panza. Yo estoy seguro de que mi pared estaba perfectamente aplomada así que me ha dado por pensar que las paredes pueden ir echando panza con el paso del tiempo, como los humanos. Así que esto es, como dice mi amigo sevillano, “lo que yo tengo en to lo alto”. Sé que son cosas normales en la vida y que todo puede torcerse y que no hay que perder nunca la capacidad de luchar por arreglar las cosas importantes. Así que ahora mismo voy a desmontar esa lama y a arreglarla. Después os contaré.
Etiquetas: bricolaje, decoracion, humor, jardineria
Agosto 17, 2008 a las 9:21 pm
La depresión es una sinrazón, que la razón ignora ¿o no era así?, las conferencias del centro cívico me estan aturuyando un poquito, pero me siento con un toque glamouroso cultural que me dio fuerzas suficientes para lanzarme a la caza del plátano en la frutería del supermercado, pensé que era una buena forma de pasar la tarde del sábado ya que no tengo a Luis Venancio para que me lleve a ver las ofertas del hiper y aunque me traiga el carrito a casa (¡total por un euro!), si aprovecho las ofertas del detergente, la gaseosa y la leche, es un lío andar cogiendo tres metros y dos autobuses para llegar a mi casa con el carro a cuestas.
En fin que bajé al super y me sentí muy feliz al ver que no había gente, pensé ¡el frutero tó p’amí!, pero cual fue mi chasco cuando no estaba en su sitio y al buscarle le encontré en el almacén en dudosa aptitud con el de la pescadería, sofocado me preguntó que deseaba, y no me quedó más remedio que decirle: nada majo, ya nada…, así que me vine a casa sin fruta que llevarme a la boca y bastante dolida por las inclinaciones del frutero macizo, reconvertido de trenazo en tranviazo.
¿Cómo iba yo a quedarme un sábado por la tarde sin explorar la inmensidad de los grandes almacenes y sin comerme el paquete de pipas en uno de los bancos de fuera mientras veíamos el trasiego de gente y lo que llevaban en los carros?, solución casera: canal teletiendas y paquete de pipas en la silla de la cocina ¡el que no se consuela es porque no quiere!, además ya me diréis de qué voy a hablar yo con las vecinas sino durante la semana…
La idea no pudo ser más acertada, se me hacían los ojos chiribitas cuando veo en la tele al caramelín del estarcido e BricocrackTV hablando con una chica de un extraordinario limpiafondos modelo cayman del Bricor, en la chica me fijé poco, no por nada, pero después de lo del frutero no me sentía yo tentada a mirar a las de mí mismo sexo, de Ramiro estuve esperando a que se pegara un baño, y ¡nada!, pero mis ilusiones no cayeron en picado del todo cuando veo a parecer a Juan Mateos en la piscina ¡leñe!, pensé, este anuncio deben hacerlo también los Bricocrack, ¡están en todos los sitios!, ya me imaginé fardando con las vecinas en la próxima semana de que había visto a Mateos en la piscina y a Ramiro en el Bricor, justificaré con mi timidez el no haberme atrevido a pedirles un autógrafo. La cosa se puso mejor cuando Juan dijo que iba a ponerse el bañador ¡que ansiedad!, me quedé a la espera…vi tres anuncios de batidoras, siete de colchones hinchables, cinco de depilatorios, otras tres veces el cayman, y los protas del anuncio seguían vestidos, a las tantas de la mañana me acosté desesperada, el lunes consultaré con la asistente social del barrio si puede considerarse publicidad engañosa y tengo derecho a que me indemnicen con un tubo de pegamín de los que tengan en existencias en la escuela de Bricocrack de las Rozas.