Ya me perdonaréis que lleve algunos días sin contaros nada. Menos mal que Purita mantiene vivo el sitio con sus historias estupendas. Me he estado dedicando un poco a la reforma en la casa que ha comprado un amiguete, Dani, pero ahora se le ha acabado el dinero para los suministros y hemos parado un poco. Es un piso muy pequeñoy la verdad que se ha empeñado en hacer una reforma en profundidad. Fijaos si será en profundidad que se ha picado el tio toda la solera y ha tirado de pala como un campeón hasta dejarlo todo pelado. Ahora me viene con que quiere llevar todas las instalaciones por los tabiques de Pladur así que supongo que lo de levantarse toda la solera ha sido para torturar a la vecina de abajo, porque les lleva aporreando el cráneo toda la semana. Claro que también gracias a ellos hemos descubierto algunos misterios de la casa. Anoche, mientras nos tomábamos un bocata y una cervecita después de currar, nos preguntábamos Dani y yo dónde irían unos cables que vienen del cuadro y desaparecen por el forjado, y a mi se me ha ocurrido tirar de uno de ellos. Hemos empezado a oir gritos en el piso de abajo (tenía invitadas la vecina) así que hemos bajado. Nos ha abierto una de las invitadas que sonreía pálida mientras una más joven abanicaba a la señora. Lo hemos entendido todo: el cable al que estaba pegando tirones era el de la propia lámpara de la vecina que se ha llevado un susto de muerte. Parece que estaban comentando el último programa del Iker Jiménez mientras jugaban a las cartas y que la lámpara empezó a moverse de pronto como si tuviera vida propia. Por supuesto que no hemos confesado tener nada que ver con la fechoría y hasta le he apretado el grifo del fregadero en señal de buena voluntad. La cosa es que la señora está de okupa eléctrica de Dani y a él le da pena complicarle la vida. Parece que no paga luz, nos ha dicho, porque se lo paga directamente el yerno, un tipo malencarado que conoce pero que subió encantador a unteresarse or la obra y que le ha invitado a botellines dos veces en el bar de enfrente. Parece que es además un poco vivo y que tiene que ver algo con esta historia de cómo funciona la luz de la señora Encarna –la vecina- porque no tiene ni cuadro y si el lo cobra por algo será. Pero Dani dice que no quiere ser borde ni pelearse con los vecinos estando recién llegado… ¡buen corazón que tiene el muchacho! Ya le he dicho: “encárgale que te resuelva el yerno la hipoteca que a lo mejor hace un butrón con la oficina de la Caja.”
Cables misteriosos
Septiembre 16, 2008 por juanvi21Purita y el climasano
Septiembre 9, 2008 por juanvi21Y hablando de conocer a Purita. Aquí la tenemos lanzada probando las excelencias del Climasano. Creo que vista la propuesta de excursión que me hace (un poco exagerada, como siempre) me parece que será mejor que nos vayamos a Guipuzcoa a conocernos en la fabrica de Beissier, que son los que fabrican el Climasano. Como estos vascos son siempre tan majos y tan hospitalarios y se puede ir de chiquiteo por allí, a ver si son ellos los que se enrollan y nos invitan a algo ¿no? Pero no os perdáis la organización para-militar de Purita en su escalera que merece la pena. Este blog es hoy de ella y para ella:
“Mi problema al ir a comprar la pintura ha sido elegir el color, ¡86 colores de Climasano!, que confusión, ¡tan lindos todos!. Entonces se me ocurrió la genial idea, regresé a casa cogí las tapas de las cazuelas ¡plaf! ¡plaf! ¡plaf!, en un ipso facto todos los vecinos estaban en la escalera, ese es el toque que usamos cuando hay cotilleos jugosos y hacemos reuniones de emergencia en la comunidad, saqué mi portatil que engancha muy bien a los güifis de los vecinos y todos juntos vimos el vídeo de Bricocrack.TV y a través del canal decoración, las instrucciones para aplicar el producto. Muy seria dije: ¡Señores, fuera el olor a coliflor, fabes y demás efluvios pesonales! Puedo prometer y prometo, que vamos a ser la comunidad más desodorizada del barrio, ¡Todos a pintar!. El acuerdo fué unánime, la cuota más alta de aceptación de una orden del día emergente (de emergencia…) 100% que le dicen…
Las del comité de asuntos varios (16 en total) nos fuimos cómo estábamos a comprar la pintura, eramos una gloriosa excursión, rulos, mandiles, batas, zapatillas…pero muy unidas y felices. Ante la duda por la amplia carta de colores decidimos pintar a rayas (es lo que yo quería, jajajaja, ¡así pinto mi casa a bandas con los colores que más me gustan!), a las tres en punto quedada en el portal y a la tarea, ya os contaré el resultado.
Luisa, siento que no hayas recibido mis fotos, las envié a tu e-mail pero me aturuya la tecla mucho, los de Bricocrack si las recibieron (ya he contado el impacto que les causé) como parece que tú tamien les conoces (¡que desperdicio de vida la mía al lado de Luis Venancio! yo era la única del mundo mundial que no les conocía…), puedes pedírselas, seguro que te inspiras para el tocado, la cosa es que des el golpe chic, en una pamela cualquiera agrega lazos, tules y pinzas de flores de la tienda del Euro, que sea algo alegre y colorista, incluso algún pajarito de esos tan reales que vienen con imán, puedes ponerte en el pelo que se vea prendedores con brillantes, algo sencillo y elegante ¿me explico?.
Juanvi ya te aviso cuando salga la excursión, lo de ir a tomar algo a tu casa, pues nos gustaría, ya ves, pero es que de momento hay mujeres apuntadas para 6 autocares y a lo mejor es mucho barullo para tí, más que nada porque son todas muy jaraneras y puedes salir malparado, pero vamos, que si no te parece mal que vayamos tantas pues lo dices y vamos ¡nosotras encantadas!.
¡Ah! y que no te preocupes que no soy la Rosa, soy purita, que yo he dicho que me llamo así (Luisa, pura poco, solo purita) pero que si la Rosa abre un blog me lo dices que voy…en el de Juan Mateos sigo sin atreverme a decir nada, es que me dá como un nosequé, la cosa es que parece majo, pero mira ¡que no!.”
Ascensores
Septiembre 4, 2008 por juanvi21La verdad es que tengo ganas de conocer a Purita. Se me hace que tiene que ser como Rosa, una vecina mia que es también un encanto de mujer parlanchina pero que (y no quiero decir que sea ese el caso de Purita) se hace bastante peligrosa. Ella no lo sabe, pero en la comunidad decidimos el cambio de ascensor por ella. El vecindario suele evitarla porque llegas a casa con prisa para comer y, si te pilla por banda, cuando llegas a tu piso pareces un naufrago, famélico y con barba de días. Al vecino del 5º, Fernández Gorgojo -que es como se autodenomina pomposamente el sujeto cuando te llama por teléfono para las cosas de la comunidad- que es muy pequeñito y con aspecto desvalido, tuvo que llevárselo una ambulancia por una caida de azucar. Llego el hombre a cenar y aunque su hija bajó a intertar rescatarlo un par de veces, no pudo liberarle de Rosa que le tenía acorralado contra los buzones, exlicándole por qué, a su juicio, deberían establecerse contraseñas para que la cartera comercial, que es hija de una prima suya, pueda acceder al portal y dejar los folletos de oferta del super, aunque la del último mes era una birria, porque la colonia a Granel era más cara que… y así, dale que dale hasta que el pobre Gorgojo cayó al suelo y se quedó tendido todo lo corto que es. La cosa no fue grave porque el Samur actuó rápido y una vez que el médico administró un bidoncillo de valium por vía intravenosa a Rosa para que se callara un rato, pudieron atender con esmero al bueno de Fernández Gorgojo.
Así que a raiz del incidente convencí a los demás vecinos para cambiar el ascensor, que se abría hasta entonces con una puerta batiente, por uno moderno de cierre corredizo. El asunto no es ninguna tontería porque el ascensor antiguo se convertía, en presencia de Rosa, en una trampa mortal en la que era frecuente incluso la toma de rehenes múltiples por el simple procedimiento de ponerse en la puerta de su piso –el primero- y sujetarla hasta que consideraba que el, o los, pobres compañeros de viaje habían sido convenientemente informados de cuanto a ella le viniera a la cabeza. Con la incorporación del nuevo ascensor me las tuve que ingeniar para desactivar el haz de infrarrojos que detiene el mecanismo de cierre. Nada difícil, porque puentearlo es cosa de diez minutos. Ahora ya es imposible que Rosa cuente nada porque la puerta no para su recorrido y cuando te pilla te deja como un tubo de pasta de dientes. Tiene algunos inconvenientes, porque es tan rápido el cerrado que muerde a quien se detenga un poco en el umbral, pero no puede arrancar porque tiene un segundo sistema de protección que evita que el ascensor suba o baje si la puerta no ha hecho la carrera completa. Lo que no he conseguido resolver en ese caso es que no se dedique a abrirse y cerrarse de forma rápida cuando se le corta el recorrido. De hecho la abuela de las mellizas del segundo, que va despacito con un bastón, se ha quejado de que el ascensor no solo la pilla todos los días, sino que en varias ocasiones le ha masticado por más de dos minutos hasta que ha conseguido zafarse. Pero nada importante finalmente, porque las mellizas le han enseñado a atravesar la cachaba como hacía Cocodrilo Dundee en la boca de sus mascotas. El resto de los vecinos lo tienen entrenado y apenas abre la puerta del piso saltan afuera como los paracaidistas. En el portal hemos puesto un cartel de “Espere aquí”, como en las ventanillas de los bancos, para que la gente no se quede junto a la puerta. No sea cosa de que se repita lo que le paso a una telepizzera no hace mucho, que se abrió el ascensor y le cayeron de golpe mis vecinos de arriba –matrimonio y dos hijos- que están a cada cual más hermoso. En la confusión además la chica de los vecinos se llevó un par de porciones de la cuatro quesos, de modo que cuando la telepizzera intentó recolocarla en la caja no hubo modo y tuvo que volverse a por otra.
Con todo, y esto es lo importante, los vecinos están contentos porque han adquirido reflejos. No os cuento por hoy más cosas y me voy un rato a ver qué videos nuevos han estrenado en la página de Bricocrack.
Purita y sus hipotecas
Septiembre 1, 2008 por juanvi21Tiempos duros los que corren para las hipotecas. Si no, fijaos este mensaje que me ha mandado esta amiga de nuestro blog, Purita, y que lo explica bien a las claras. Bueno, explica eso y más cosas, que esta chica es de mucho explicarse… ¡ya veréis!
Me ha gustado mucho la historia de la Luisa y hoy me viene muy oportuna porque a mi me ha pasado lo contrario que a ella. Te cuento, estoy que echo chispas, tanto que me he apoyado en una farola y se han encendido todas las luces de la calle, rótulos comerciales incluidos. De mañanita me ha llamado el director del banco para que fuera a verle, me puse muy contenta porque era un hombre muy simpático, encorbatado él, y que huele a limpio excepto el sobaquillo, pero se comprende porque todos los días con la chaqueta de los domingos tiene que agobiar, me acicalé con la faldita floreada con volantes del mercadillo y me coloqué el moño con el pasador de la flor de brillantes que tanto me luce. Iba encantada pensando que me iba a regalar unos platos o una cazuela de la sección bazar.
¡Que chasco me llevé!, el pobre debe padecer esa enfermedad que se sufre en silencio y tenía cara de adicto al Hemoal, nada que ver con el hombre tan majo que conocimos cuando nos hizo la hipoteca. Y por ahí iban los tiros…dijo que no pagabamos la cuota desde que venció la primera y que nos iban a “ejecutar”, Jesús ¡que susto! me ví como Mª Antonieta en la guillotina y mi pasador de brillantes tirado junto al caldaso, me traquilizó y me dijo que no era eso, que ni nos mataban ni nada, pero nos ibamos a quedar sin casa y además sin muebles, vacios los bolsillos y deslavazados hasta los parientes más próximos en tres generaciones. Me lo pensé (poco, yo pienso poco, pero lo pensé), y le dije que se quedara con el piso (49 m2, cuatro y salón, baño con bidé y vistas al patio, muy soleado en verano a mediodía ¡un lujazo!) y que me diera los millones que me sobraban que yo me ponía con ese dinero una boutique fina y me iba con derecho a cocina a casa de la Engracia
que coje pupilos. A partir de ahí no me enteré de nada, solo que no me daba los millones, que si habiamos hipotecado al 150% para pagar los gastos y lo que debía el pobre Luis Venancio que tenía muy mala suerte con llas cartas y las máquinas, que si con la burbuja inmobiliaria valía un 70%, yo seguía sin enterarme, ojiplática le miraba ¡lo que había cambiado después de la crisis del Hemoal!, pero…¡si él mismo nos había dicho que en cuanto pusieran el metro en el barrio de al lado a solo tres paradas de autobús iba a ser como vivir en el centro pero más familiar!, nos ijo que nuestro piso tan bien distribuido y tan soleado en verano iba a costar una millonada… No me enteré de nada y fué al salir del banco sin los millones cuando me apoyé en la farola y pasó lo contrario que lo de la Luisa.
Pensabunda y meditativa me fuí a casa, preparé un bocadillo calentito de morcilla de Burgos y una tartera de pimientos morrones para mi Luis Venancio ex (por tener un detalle y que se enterara de lo que vale un peine) y me fuí a la obra a que me aconsejara, él como hombre, sabe de estas cosas. Más me electrifiqué cuando me dijo el encargado que en Junio habia pedido el finiquito para irse de camping a Torrevieja con la pendeja, entonces ya si que produje un cortocircuito en la hormigonera y el martillo neumático de uno de la obra empezó a bailar ballet clásico, ¡había que ver al hombre, tan macho él, siguiendo los pasos del martillo!, jajajaja. La visión me consoló bastante y me volví a mi casa o a la de quien sea, preocupada todavía pensando si lo de la burbuja sería algo así como esa que usa Michael Jackson para estar en casa y si me quedaría con la cara cómo él pero sin cirugia. Para consolarme me compré un frasco de agua oxigenada marca H2O2 y me he teñido
de rubia platino, por si acaso tengo que mirar mi techo tan bien arreglado por oficio y no por afición (Gracias Calde por tus enseñanzas http://www.bricocrack.com/ Canal decoración/ preparar un techo para pintar), porque hay por ahí un nosequé, que no se, que me da malas pulgas. Me voy a ver el vídeo de la desbrozadora http://www.bricocrack.com/ Canal Jardín, a ver si se me desbrozan las ideas que las tengo más enmarañadas que la parcela que desbroza el ayudante de Juan Mateos.
Juanvi ¿se curó la Luisa? porque yo no tengo ni el consuelo del recuerdo de la sonrisa entera, no me ha dejado nada feliz el encorbatado ese…
Descubriendo la electricidad
Agosto 30, 2008 por juanvi21Además de Aam, el afilador, el pueblo de mi madre tenía más personajes que marcarían mis aficiones. Estaba también, por ejemplo, la Luisa. La Luisa era una mujer pequeñita, enjuta. Tenía una pequeña parálisis en un lado de la boca, que le mantenía una continua sonrisa por ese lado. Por el otro, la comisura de los labios le caía habitualmente hacia abajo en una mueca terible, entre de tristeza y amargura. Parece que nadie se había acostumbrado porque cuando se le veía por el perfil risueño la gente la saludaba sonriente con esas frases tan rurales llenas de “h” aspiradas “¿Queee paaaaha Luiha? ¿Aaande vas?” Y si la Luisa se paraba a dar la información –siempre la de mala salud, que es la que se da en los pueblos- y se volvía, al paisano se le acababa la cordialidad y, casi sin dejarla dar novedades, le decía cualquier frase de compromiso “Bueno muher, ¡pacencia, pacencia…!”
Pero lo que a mi me interesaba de la Luisa es cuando le pedían que demostrara su don, y es que metía los dedos en un portalámparas y hacía saltar los fusibles. Yo lo intenté en aquellos años igualar y sólo conseguí una buena quemadura y que los ojos me estuvieran bizqueando con frecuencia hasta que me fui haciendo mayor. El don de la Luisa le venía de que había sobrevivido a la caida de un rayo en el monte, cuando se encontraba, bajo un arbol, junto con uno de los pastores del pueblo. El caso fue muy sonado porque la descarga los dejó desnudos pero ilesos, si exceptuamos esa mueca de la Luisa. No quiero ni pensar en el regreso al pueblo y las explicaciones tan complicadas ni en cómo se justificarían despues de no tener ninguna quemadura. Lo cierto es que la Luisa sí que puso a salvo su reputación con esa práctica. Cuando lo hacía, antes de que nos dejara a oscuras yo me fijaba en ella y me daba cuenta que el lado natural de la boca se le tensionaba en la misma forma y se le producía una bonita sonrisa. Pensandolo bien, también podía ser que a la Luisa se le avivará el recuerdo de la tormenta o, suele decir un amigo del pueblo, el del pastor. Este, el “Covacha”, no pareció tener tan claro su papel en este expediente X rural y puso tierra por medio, no se sabe si por una buena oferta de algún rebaño de la competencia o por la forma en que le miraba el padre de la Luisa, que no parecía muy dado a creer en los misterios de la Naturaleza.
El afilador de mi pueblo
Agosto 22, 2008 por juanvi21
Esta mañana he amanecido de muy buen humor. El friso está perfectamente alineado y me he entretenido afilando los cuchillos de la cocina. Deben superar la prueba de cortar un trocito de cartón sujeto en el aire sin que se doble lo más mínimo. Me gustaría en realidad hacerlo con un motor de Mobilette, como el afilador del pueblo de mi madre cuando yo era pequeño.El pueblo no tenía muchas cosas que hacer pero las aplicaciones de la motorización daban para mucho.
Aam, que así llamabamos al afilador, no era del pueblo, pero en verano venía casi todas las semanas haciendo sonar su flauta de pan. Me sorprendía que Aam largara de un tirón su pregón: “el afilador, señoras, cuchillos, tijeras, ha llegado el afilador”, porque era bastante tartaja. De ahí su nombre Aam, que era la abreviatura de la forma en que él se presentaba como Ambrosio. Aunque hablando se trabucaba mucho, la cantinela del pregón le salía del tirón, aunque lo hacía sin demasiada entonación, de modo que yo, en mi ingenuidad infantil imaginaba que había algo en las señoras que se podía afilar y que seguramente era pecado. Más tarde me di cuenta que mi madre solía decir que las vecinas tenían la lengua más afilada que la cuchilla del carnicero, así que yo siempre estaba vigilante por si era eso. Pero nunca las vi poner la lengua, así que seguía manejando la idea de que era algo relacionado con “esas cosas” que los niños no tienen que preguntar.
Así que allí nos sentábamos a ver trabajar a Aam, que ponia su caballete y conectaba con una correa el esmeril al motor. Aam me enseñó a afilar pero nunca me atreví a preguntarle por ese misterio de las señoras. No pasaria mucho tiempo hasta que escuchara al primer vendedor ambulante que vendía pelapatatas y que gritaba “¡mujeres!, ¡la autentica herramienta que todo lo pela!” y empezara a descifrar ya los primeros signos del marketing rural.

He encontrado esta foto de una moto casi como la de Aam
Mi primera novia
Agosto 20, 2008 por juanvi21Me han consolado los post que he recibido en la página. Especialmente por encontrar opiniones de mujeres que vienen a corroborar que mi afición por el bricolaje no supone un comportamiento extraño. Sin embargo debo confesaros que mi relación con el otro sexo no ha sido especialmente fácil. Quizá porque el primer amor, como pasa con el primer taladro, puede llegar a marcarte para siempre. Mi primer amor me llegó a los 17 años. Se llamaba Ana. Era una chica maravillosa y muy divertida. La verdad es que éramos un poco gamberros. Nos moríamos de risa haciendo nuestros primeros trabajos de bricolaje. A su abuela le cambiamos el interruptor de la luz de su habitación por un pulsador conectado a un timbre que sonaba como el de la casa. Cada vez que iba a encender la luz, oía que llamaban y se iba a abrir. Como la mujer estaba un poco mayor se pasó casi toda una noche sin poder entrar a su cuarto, dando paseos a la puerta, hasta que lo descubrió el padre de Ana que se levantó extrañado cuando oyó tanto portazo.
Los sábados ibamos a las ferreterías más importantes y tomados de la mano pasábamos largas horas soñando con tener nuestro propio taller de reparación e instalaciones eléctricas. Era un sueño imposible, porque en mi casa no querían que me dedicase a ganarma la vida con las manos. Es una cosa de familia y siempre fueron así. Mi primo Eulogio por ejemplo, quería a toda costa ser prestidigitador y al final, con las presiones de la familia, se acabó haciendo cura. De vez en cuando le gustaba, después de echar el vino en el cáliz, darle la vuelta y mostrar cómo no se derramaba nada, o hacer que mismo copón se levantara solo durante la consagración. Pero parece que su párroco le dijo que empezara a cortarse un poquito, presionado por el síncope que sufrió una feligresa. Parece que la mujer, muy mayor y muy beata, estaba confesándose con Eulógio y al volverse vió que éste, seguramente por obra del diablo, había desaparecido del confesionario y se encontraba a su espalda sonriente. Así que ahora lo más que hace es que, cuando da la comunión, le desaparece la hostia que va a poner en la lengua al comulgante y de pronto se la busca y se la encuentra en la oreja.
Mi relación con Ana terminó el día que al ridículo del novio de su hermana mayor le quitamos todas las tuercas de las ruedas de su GTI nuevo. Cuando el pobre dio la curva de la calle “quemando las gomas” –como le gustaba decir- vió como las ruedas salían disparadas y su chasis, del que tuvo que salir a gatas, se quedaba tirado en el suelo. El asunto no habría trascendido si no fuera porque alguno de nuestros amigos se fue de la lengua, de modo que la calle, pese a ser la hora de comer, estaba llena de chicos que aplaudían muertos de risa el acontecimiento. El padre de Jacinto, que así se llamaba el muchacho, erá un jefe en la empresa del consuegro, así que, cuando montó el pollo, el padre de Ana, que estaba también bastante harto, la mandó a casa de unos tíos en Almería. Mi padre tuvo que pagar la reparación y tampoco quedó muy contento, pero mereció la pena ver el espectáculo.
A Ana no la volvería a ver hasta años después. No eramos de mucho escribir ni la dejaban hablar por teléfono, ni uno tenía Internet a mano, como ahora, para mandar mensajes o ver los videos de bricolaje de Bricocrack así que nuestra relación se fue esfumando poco a poco. Aunque yo nunca la he podido olvidar.
Bricolando en el ambulatorio II
Agosto 17, 2008 por juanvi21Beni me dejo pasar a su mostradorcito. Un pequeño cubículo en un rincon compuesto por el mostrador, dotado de un ordenador anticuado, y una silla alta situada en un mínimo espacio. Afortunadamente Beni no era muy grande, porque si no habría que untarla de silicona lubricante cada vez que quisiera entrar o salir de su puesto.
La avería no parecía complicada. Sencillamente un protector de plástico partido que impedía presionar la varilla de regulación de altura. Lo que pasa es que el dichoso protector estaba muy atascado y aunque yo siempre llevo unos alicates por lo que pueda pasar, esto no estaba fácil teniendo que trabajar allí dentro. Mientras estaba en la pelea, salió uno de los médicos que le pidió de forma autoritaria algo a Beni. Se trataba de mi médico, inconfundible, una vez que estaba junto al mostrador, por su dificultad de pronunciar las erres. “Tgaigame ese histoguial ahora mismo”. “Es un paciente que desviamos a ugolojia y que lo diagnosticó el doctor Baguios en magzo. ¡Y la proxima vez quiero los informes de los pacientes a pgimera hoga de la mañana!”
Beni se metió a buscar los papeles azorada por la bronca y yo intenté no estorbarla apretandome dentro del cubículo como si fuera un embalaje de Ikea. Conseguí con paciencia ir liberando el plástico y ya estaba casi cuando volvió a aparecer esa especie de imitador del inspector Clouseau (con el que por cierto, guardaba un interesante parecido). “¡Señoguita, como tagde usted mucho más cancelaguemos la guesonancia y encaggaremos una necgopsia! ¿Se puede sabeg qué está haciendo?”
Beni, que estaba pasando hojas de informes como una posesa, decidió descuidadamente sentarse cuando, lamentablemente, yo tenía la banqueta inclinada para trabajar. Al notar que le faltaba la silla, su trasero, como si tuviera capacidad de tomar decisiones propias, se echó violentamente hacia atrás hasta alcanzar el asiento, mientras ella dejaba escapar un grito apenas ahogado y suficiente para llamar la atención de ese tropel de veteranos que esperaba en la consulta. Como el asiento no se apoyaba en el suelo, su peso sólo consiguió vencerlo hacia detrás. No pudo llegar muy lejos porque el espacio no lo permitía y se quedo con el cuello y el cogote apoyado en la pared, mientras las piernas, faltas de sustentación, se levantaban abiertas sobre el mostrador. Llevaba una bata y bajo ella una falda muy corta, lo que no contribuía precisamente a quitar importancia a su espatarre. La imagen, cuando conseguí desencajarme y emerger de entre sus piernas no fue muy halagueña. Me sentía como una marioneta de guiñol que aparece de improviso entre la mirada espectante de decenas de ojos como platos.
Ayudé a incorporarse a Beni y le quise dar explicaciones al “doctog” que miraba con la boca abierta, como si se le fuera a salir por ella “el gabo del pego de san Goque”.
- Es que no conseguia que el cacharro subiera y bajara con normalidad y se lo he tenido que hacer con unos alicates…
Como vi que la explicación tampoco parecía tranquilizar mucho al auditorio decidí quitarme de en medio. Me disculpé, eso so, con el médico.
- Iba a entrar con usted en cuanto acabará con ella, pero se me ha hecho tarde, así que si le parece lo dejamos para otro día.
Salí del ambulatorio dejando a Beni un poco trastornada y decidí irme a la Ferretería a serenarme un rato y a ver unas ruedas de fibra que había visto en uno de los reportajes de Bricocrack.
Bricolando en el ambulatorio (I)
Agosto 14, 2008 por juanvi21No pude seguir mucho más rato con mis amigos del “comité de obras”. Tenía hora en el ambulatorio, así que me acerqué a ver si me hacían el mantenimiento. En mi barrio se le conoce más bien por el Abuelatorio, porque siempre está hasta la bandera de vejetes. No estoy seguro de que todos esperen consulta. Sé de algunos, como la madre de un amigo mío, que van por si se enteran de algún comentario relacionado con su enfermedad, otros porque es un lugar agradable para echar la charleta y a más de uno, que está un poquito senil, le dejan allí aparcado mientras su hija o su nuera –que son las usuales en esta dedicación familiar de cuidar a los mayores- van al mercado.
Me introduje entre esa maraña de miradas vigilantes procurando no tropezarme con ninguna cachaba y me acerqué al mostrador. Descubrí feliz que Beni estaba de turno. Beni es una compañera de Instituto y me trata bien y, en cuanto puede, me cuela. Su tesis particular sobre la presencia de viejecitos, es que estos eran jóvenes y lozanos cuando pidieron fecha, así que intenta que a sus amigos no les pase lo mismo. Siempre me ha chocado que Beni consiguiera ese trabajo en el ambulatorio. Su nombre real, aunque se haga llamar Beni, es Benedicta, pero en el último año del insti y después, en nuestra juventud en el barrio, la conociamos como Bienadicta. Aunque parece ser que se recupero de su afición, nos parecía que ponerla a trabajar en un centro médico sería algo así como poner a George Bush a trabajar en una licorería o nombrar a Clinton jefe de becarios.
-Hola Beni, -la saludé- ¿cómo lo tenemos?
-Hola Juanvi. El doctor tiene un par de pacientes esperando, pero si quieres te cuelo.
- No te preocupes. Espero un poco y te hago compañía.
- Oye, podías aprovechar, tú que eres un manitas para mirarme la silla. No sé que conchos le pasa que no sube hasta dónde necesito.
No me pareció mal la propuesta de entretenerme un rato con una pequeña reparación, así que decidí ponerme manos a la obra…
(continuará)
Recuperándome
Agosto 11, 2008 por juanvi21Asunto resuelto. Mi friso ya está en orden y me parece que mi vida empieza a cobrar sentido. Me he visto el video de la pasta niveladora de los de la página de bricocrack.tv mientras me comía un plátano. Me gustan especialmente los plátanos porque dan mucho residuo par la compostadora. La tengo en la terraza junto al mini-huerto urbano que me he montado. Además ahora que Mariela se ha marchado puedo volver a recorrer la escalera recogiendo residuos orgánicos de las bolsas de basura de los vecinos. Ella se molestaba conmigo cuando salía a última hora de la tarde, antes de que recogiera el portero las bolsas.
Después me he ido a ver una obra que hacen en la plaza, dos calles por debajo de mi casa. Estaban ya Anselmo y Mariano, dos jubilados de la construcción con los que me gusta sentarme por la tarde a ver la obra.
¿Cómo va la cosa? -me he interesado.
¡¿Que cómo va la cosa?! -Me ha respondido Anselmo.
- ¿A vuelto a pasar el aparejador?
-¡¿A pasar el aparejador?! -Anselmo ha sido encargado de obra, de ahí esa costumbre mecánima de responder a cualquier pregunta repitiéndola como cabreado, como si estuvieras intantando perjudicarle por el mero hecho de preguntarle algo.
- ¿Te ha dicho a ti el aparejador algo? -me ha preguntado sin esperar respuesta, como si él o yo tuviéramos algo que ver con la obra- ¡Pues a mi tampoco! Y a esos… -señalando con el mentón a los operarios- ¡a esos menos! Así que mira cómo está colocada la ferralla… ¡Por los cojones van a encofrar estos!
Yo he mirado la ferralla y la verdad es que no he visto nada extraño. Aprovechando que Anselmo es un jubilado con teléfono móvil y ha tenido que atender -a grito pelado-. una llamada le he preguntado a Mariano
-¿Le ves tú algo raro a la ferralla?
- Eg que a egtos o los apretas o te hacen cualquier barrabasada. -Mariano siempre suele darle, respetuoso, la razón a Anselmo como si realmente tuviera que vigilar la obra. P
-Pero ¿la ferralla está bien colocada o no? -he insistido.
-¡Hombre! -me ha dicho Mariano-la que se ve mismamente por aquí sí, pero a estos como les des hasta aquí… (ha señalado con su mano hasta la mitad de su brazo) ¡Ya ves tú!